La desgracia de estar en el paro, o por lo menos una de ellas, es que con el tiempo se acaban convirtiendo en un número, en una estadística. Se habla de tres, de cuatro, de cinco, de seis millones de desempleados como quien habla del número de flores de un campo, sin importar que detrás de cada cifra existe una realidad personal, un drama que ya no es sólo personal sino incluso familiar, que se convierte en tragedia en demasiados casos y en un insulto en todos ellos. Y es que estoy harto de ver cómo se empieza a criminalizar a los parados como si se tratasen de delicuentes que sólo cobran un desempleo o una subvención para quedarse en casa sin hacer nada, para tocarse las pelotas a costa de los que sí trabajan, como si vivir con 426 euros, con 600 o con 800 fuera la panacea con la que todo el mundo sueña para darse la gran vidorra.

Estoy harto de que siempre se generalice con los que más sufren (incluidos los que ni siquiera cobran nada) y nadie se pregunte por qué esos parados lo siguen siendo. Y la respuesta es muy sencilla: porque no hay empleo y el que hay es una mierda y mal pagada, pero nunca oyes a hablar a un político (sobre todo los que ahora está en el poder, como lo hicieron los que antes estaban) de que la culpa de esta tasa de paro se debe a los empresarios. ¿Que hay gente que se aprovecha del desempleo? Pues sí. ¿Que hay empresarios que también lo están haciendo? Pues también y cada vez más, pero a ellos no se les ‘criminaliza’ sino que se les respeta y casi se les pide perdón porque les suben los impuestos mientras que se dedican a despedir a todo aquel que tenga algo de antigüedad por dos euros y a contratar a gente en ‘prácticas’ por uno.

Nadie quiere estar en el paro. Es un triste mito que alguien creó para justificar algunas cifras pero que cae por su propio peso cuando se vio que cuando este país era rico todo el mundo quería trabajar porque se ganaba más y todos queríamos mejorar El paro es una mierda y una tragedia y si no hay movimiento es porque quienes deberían hacer algo (desde los políticos a los propios empresarios) no hacen nada por mejorar, lo que provoca esa economía sumergida, ese dinero negro del que deben vivir tantas personas en este país y que, qué curioso, no sólo ayuda a los que nada tienen, sino sobre todo a los que se evitan pagar impuestos con mano de obra casi gratuita.

No digo que haya que cargar contra los empresarios (bueno, quizás contra algunos sí), pero sí que respetemos un poco más a los que no tienen empleo. Que bastante tienen con estar como están como para que encima les digan que no quieren trabajar por una miseria que ni siquiera en muchos casos cubre ni la mitad de la prestación que cobran. Y eso sin olvidar que la cobran porque se la han currado antes, porquer han cotizado durante años, que aquí parece que el dinero se regala cuando sólo se recoge un poco de todo lo que se abonado previamente al Estado.

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